Los rollos en Twitter

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Durante  un viaje reciente me encuentro con una persona a quien identifico como un notorio tuitero de mis primeros tiempos en la red (2009-2010) . Seguidores de un sexo y del otro, se aglutinaron  de una forma relativamente  masiva y espontánea junto a su user – nunca dio su  nombre real- pero yo  sí llegué  a conocerlo  en “carne y hueso” detalle nada relevante, por cierto, a los fines del tema. Jamás hizo mal uso del anonimato. Tenía carisma y  capacidad de seducción y los contenidos de sus tuits , inteligentes y diversificados hacia muchas áreas del conocimiento Igual aupaba al Real Madrid, que aludía al Canciller venezolano con agudeza. Podía recordar a Vallejo, Ccrtázar, pero también a Blades o a Marc Anthony, con pertinencia y simpatía. Manejaba la realidad con sentido  de análisis y alta capacidad de razonamiento e ingenio. Pero pecaba de “franco” sin emplear el insulto ni la descalificación. Así que sus seguidores, día a día eran una suma algebraica de “unfollows” y agregados. Siempre – eso sí – con saldo positivo. Un día se esfumó para engrosar la lista de los que he llamado en algún post los MIA (Missed in action)

¿ Por qué ya no estás en Twitter, le pregunté?.

¡Twitter es un rollo!, ¡me respondió, mi no precisamente joven interlocutor

La palabra rollo es en nuestra lengua, polisémica

Formalmente la Real Academia Española de la Lengua  le atribuye no menos de veinte significados. Es en el lenguaje coloquial, donde más se emplea y en Costa  Rica, Cuba y Venezuela, con parecidos, aunque un tanto ambiguos contenidos, orientados hacia lo enredado, lo que complica, lo que puede ser un incidente irrisorio o una discusión acalorada

Recordé que mi amigo tuvo sus rollos con algunos y algunas  – y aquí si es válida la especificación del género – porque los motivos eran un tanto diferentes según se tratara de uno u otra.

Pasamos un largo y grato tiempo comentando los rollos de Twitter, los encuentros y desencuentros entre personas que no se han visto nunca, y no siempre por las razones políticas que han polarizado el país.

A la hora de ser intolerantes, los tuiteros como las personas a quienes representan, pueden tener posiciones encontradas por ideas, creencias, afinidades, diferencias, sentimientos, gustos, posiciones de vida sobre política, deporte, intereses,  artes, visión de la realidad.

Pueden profesarse afecto y  admiración, o rechazo  por lo que escriben;  por su interacción bilateral o con terceros

Puede generarse atracción sentimental o física sin haberse conocido, y algunos han establecido relaciones virtuales o se han “desvirtualizado” con fines  puramente  ocasionales o han devenido en relaciones  formales., aun cuando no haya sido la intención inicial.

Se conforman grupos de amigos, verdaderos clanes, que se toman un café o desarrollan un proyecto laboral o empresarial, o puramente social.

Se forman parejas pasajeras o estables.

Intercambiamos el tuitero y yo mutuas  experiencias.

Él me comentó con cierto grado de detalle, insultos, acosos, amenazas  recibidos por la vía de DMs o correos.

Yo le comenté rupturas de comunicación,”retiros del habla”, pues.

Comparamos anécdotas y, definitivamente, por razones de estilo y personalidad, mis encuentros y desencuentros no habían alcanzado las notas  de escala tan altas como las suyas.

De modo que llamado “unfollow” (o dejar de seguir a alguien) o el bloqueo, mediante el cual ni se sigue ni te puede seguir la persona en contra de la cual actúas, que es una medida prevista para  interrumpir una relación en Twitter, es la menor de las  expresiones de cese de una relación.

Y hemos acotado el tema, limitándonos a tuiteros comunes y corrientes, no a los que hacen vida pública notoria, a los “ grandeligas” de la política, el espectáculo o el deporte.

Buscamos factores. Y nos llamó la atención  a ambos, el bajo nivel de razonamiento y de argumentación, aun entre supuestos profesionales o reconocidos opinadores. La distorsión de la interacción, convirtiendo en personal lo que es tema, la creencia en que lo que no se nombra no existe, el manejo del juego suma cero (ganar- perder)

Pero sobre todo, no pudimos evitar la comparación con otras asociaciones humanas, en las que cabe suponer una comunicación cercana, como la vecindad de un mismo edificio, o urbanización, donde ni siquiera el saludo se usa. En tanto que la intimidad nutre a ésta de las redes, tan heterogénea, y sin rostro.

¿Podrá el conflicto vencer la convivencia en la red? ¿ O será que es parte natural de  la compañía humana?

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Mi tuit No. 20.000

Hace poco tiempo escribí mi tuit  Nº 20.000.  Una cifra bastante moderada, conservadora;  dicho  con más franqueza , pequeña, considerando más de dos años de permanencia en la red y  habida cuenta de mis proyecciones iniciales, de mi naturaleza participativa, de mi capacidad de interacción.

En mi descargo declaro   que  en el trayecto hube de retirarme con frecuencia – aun cuando por períodos cortos – a causa de  dos factores fundamentales :  salud y viajes. Los primeros, no graves pero de obligado reposo y los segundos, referidos a mi  trabajo fundamentalmente,  a gestiones personales y, claro, también  al disfrute.

He tenido, sin embargo, durante estos más de dos años en Twitter, retiros voluntarios , de autoexilio,  – como los llamo-  en los queme he separado porque me he sentido desmotivada, que es como decir que me he sentido  sin ánimo para  actuar con interés y diligencia, rasgos inmanentes a la participación  en todo segmento de la actividad humana que nos atrae. La pasión, o cuando menos la inclinación muy viva por lo que hacemos es nuestra característica, sin llegar nunca a la adicción.

Ese tuit Nº 20.000 lo dediqué  a la memoria del querido  Pedro Penzini Fleury, irreemplazable figura de la radiodifusión venezolana  y exquisito  ser humano , que influyó desde la radio   en muchas de mis “externalidades”.  Fue él quien a partir de 2009 trajo  a Twitter  como concepto y promoción  a su espacio y  me indujo a mi ingreso , aun cuando ya había en mí  una  predisposición anímica  y mental  previa.

Por aquellos tiempos,  julio y agosto de 2009, tanto Penzini Fleury como su hijo, Pedro  (@ppenzini) se convirtieron en verdaderos “evangelizadores” de la red y todo invitado al programa de ambos  salía con  su “ cuenta abierta”. Influyentes  “arrobas” de hoy, fueron captadas por los Penzini.

En lo que a Twitter se refiere,  ya se ha escrito, dicho y mostrado demasiado la innovación  tecnológica durante el período transcurrido  y el crecimiento exponencial de los usuarios en el mundo, en general, y en nuestro país, en particular. No es nuestra intención insistir.   En cambio,   siendo  la naturaleza de este blog, las interacciones humanas que en  la red se dan como reflejo de la cultura que representan, el comportamiento del tuitero en tanto persona  o como colectivo, sí se hace necesario destacar el cambio del comportamiento individual e interactivo.

Mientras fuimos una pequeña aldea, eran frecuentes  rituales como el saludo, los recíprocos elogios, fiestas virtuales, el tema de lo lúdico como “cae la cédula “  y la interminable lista de #Followfridays, que en muchos casos era un verdadero “copy and paste” de las listas de “followers” ( única palabra usada entonces para los seguidores)  Recuérdese que el idioma de Twitter era el  inglés , al menos para identificar los términos de los Timelines

Nada hace más obsoleta una época que las innovaciones- tecnológicas y culturales-  que las separan.  Por eso hablamos en Twitter de hace dos años, como ”de los viejos tiempos”. Tiempos que en nuestro país la red era  más o menos incipiente, con cierta influencia de  Facebook- por aquello de los amigos-  con predominio de lo afectivo y simplista, aún cuando con una  eclosión política en los contenidos, y marcadamente polarizada,  lúdica , radical

El DM cumplió una etapa, que se ha hecho cada vez menos  intensa en su carácter underground, regresando al concepto original de enviar un mensaje personal, que ningún interés tiene para  el resto de la comunidad.

Desde luego, hay elementos inmanentes  a lo que la red significa. El narcisismo que – en medio de cierto grado de controversia – considero elemento presente en un tuitero, le hacía valorar obsesivamente un número importante de “followers”,  y algunas veces,  sin  hacer mayor esfuerzo para ganarlo. De este modo era común que un veterano dijera : – “ A @Kapuleta le faltan 10 para llegar a 300 ¿ quien le ayuda?”. Muy pronto surgieron ingeniosos –  y también para mí discutibles – programas de seguimiento masivo a través de los cuales cualquier novato con 56 seguidores pudiera superar los 1000 en una semana., o 7000 en un mes, aparte de lo difícil que es interactuar  con cifras grandes  de seguidores, excepto claro está las personas que por  su fama y notoriedad son noticia, proveedoras de bienes o servicios de cualquier clase (talento, sentido de humor o  contenidos ) o los espacios digitales especializados , cuya cobertura es una necesidad sentida en un número significativo  de usuarios.  Este rasgo narcisista sigue siendo un distintivo  apalancado por la tecnología, a través del diseño de programas con esa finalidad. El número de personas que siguen a  cualquiera  ya no es indicativo por sí solo de influencia en quien lo tiene.  Resulta  curioso ver personas con 20 tuits (o menos) y miles de seguidores.

El exhibicionismo, en términos de llamar la atención, sin atributos personales, sino totalmente accesorios, como  el empleo de los “avatares”, que se hacen llamativos recurriendo a colocar  desde los grandes figuras del espectáculo hasta  imágenes de vulgaridad y mal gusto y, algunos, sin el menor sentido del ridículo. Los famosos 15 minutos de Warhol se hacen presentes en Twitter, con ánimo de permanencia.

El anonimato se extendió en una proporción que desvirtúa la interacción, la simetría y la misma igualdad.

En lo que a mi toca,  fui muy participativa  desde el primer día  y guardo bonitos recuerdos de los primeros users  -ellos y ellas-  que me  ayudaron en mi aprendizaje. Muchos siguen siendo personas de mi especial valoración y comunicación.  Otros ,  migraron  hacia arrobas  distintas, desaparecieron de mi Timeline , en busca de mayor afinidad y/o diversidad.    Excluyendo  algunos amigos  del mundo 1.0  con lo s cuales no suelo  interactuar  en 2.0, precisamente por las oportunidades de verdaderas tertulias en la vida real sobre temas más profanos. Sólo voy a mencionar tres  tuiteros influyentes  que en este caso los nombro en representación de aquellos  con quienes quedó una huella afectiva, y de compromiso y aprendizaje personal.   Lo hago para no copar espacios  dé los que no dispongo, ni dejar imperdonables  vacíos.

@crackberrista, un querido amigo de carne y hueso, de toda la vida, que me regaló  mis primeros veinte seguidores, que por efecto demostración me permitieron escalar inicialmente; @abezeta,  extraordinaria internauta desde los ’90, para la que no existe problema que no resuelva en ese campo,  guiada  sólo por su  talento y habilidades y, @nuneznoda quien me impresionó con su  rara combinación de  fino ingenio, conocimientos y ética. Un “renacentista” de lo tiempos de la  Cibernética, si me pudiera tomar tal licencia lingüística.

A los tres,  gracias personales y, por su intermedio,  al colectivo que representan en el ámbito de mi aprecio, afecto, admiración y gratitud a mis amigos los tuiteros.

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Morbo es el nombre del juego

¿Qué puede hacer que alguien a quien nadie conoce en Twitter, alcance en medio día 30.000 seguidores? En ese desafortunado y muy reciente caso, ocurrido en Venezuela, ese “alguien” ofreció las macabras imágenes de un desventurado joven actor fallecido en accidente.

Pero hemos visto muchas cuentas en Twitter de crecimiento exponencial, porque sus textos, imágenes o videos, mostraban figuras humanas monstruosas, actos carnales especialmente enfermizos en vivo, crímenes escalofriantes, muertes de dictadores supuestamente “empalados” (caso Gadafi), imágenes dantescas de fallecidos en terribles tragedias carcelarias.

Morbo es el nombre del juego.

Hablamos de una sociedad que se muestra en apariencia – y en términos comparativos de interés – si no indiferente, ostensiblemente menos inclinada a la atención noticiosa de la divulgación de los premios Nobel, a la prematura pérdida de grandes promesas de algún campo del conocimiento y de la actividad humana en general, a la transgresión de los derechos humanos en personas e instituciones, al deterioro de la infraestructura vial y de servicios públicos, a la malversación de los dineros públicos, a los convenios que suscriben los países de una región entre sí y que comprometen deberes y derechos entre éstos, a lo que implique avances tecnológicos para la salud, el ambiente y la paz.

Una sociedad enferma, – como tendencia mundial, por desgracia – que subvierte los valores ante el escándalo, la atracción hacia lo malsano, hacia la destrucción y la muerte.

Una sociedad que ha convertido el morbo en mercancía de alto consumo.

Una sociedad que ha engendrado, dado a luz y amamantado el género de los “Reality shows”. Extraemos de un blog de la red, (INCICLOPEDIA) el concepto que suele dársele a ese término:

“Reality Show es un tipo de programa en el cual sus productores le dan a personas más o menos comunes la posibilidad de mostrar sus vergüenzas (intimidades) a millones de telespectadores, satisfacer su ego, y tal vez cobrar algún dinero en compensación. Para ello, las víctimas sujetos experimentales participantes, deben permanecer en un espacio más o menos limitado (de preferencia cerrado) y dejar que los filmen hasta cuando van al baño,… y en algunos casos, hasta cuando tienen experiencias sexuales reales o simuladas”.

En un post reciente, nos referimos al tema, desde otra perspectiva, inspirados en la novela Rating de nuestro Alberto Barrera Tyszka.

Pero, hemos recibido peticiones de algunos compañeros tuiteros que consideran infaltable en este compendio de análisis de interacciones en nuestra red, sin la inclusión de este tema invisible, pero presente de modo indubitable.

Hemos repetido hasta el cansancio que Twitter es el reflejo de la sociedad. El culto por el morbo es una característica inocultable en la red, aun en tuits de apariencia sencilla e ingenua, donde ciento cuarenta caracteres pueden representar una alta cuota de oferta de patología.

A veces, el morbo se enmascara bajo la “invención” de una noticia generadora de pánico colectivo, supuestamente por ocurrir a fecha cierta. Otras, adopta la forma narrativa de un hecho insólito y terrible que jamás ocurrió. Sus autores – en ambos casos – se amparan en el anonimato o en el secreto de las fuentes.

Quede claro, no obstante, que el tema  perfectamente identificado y tendencialmente universal, no pretende en modo alguno confundirse con el de la autocensura, ni la gazmoñería, ni la falta de claridad y precisión y verdad de los hechos ocurridos en cualquier campo. El derecho a la información que tenemos todos y cuya limitación es inaceptable.

Sólo es importante en el caso presente, poner en relieve el interés tóxico que prevalece en grandes sectores de la sociedad por lo sórdido, por lo que invade la intimidad física o emocional de seres marcados por el infortunio y la ignorancia, a los cuales se les pretende hurgar y resaltar sus miserias para satisfacer la atracción patológica por lo malsano, por el ensañamiento y la crueldad de un público ávido de circo desde la platea virtual.

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Propósitos tuiteros de Año Nuevo

En casi todos los países del mundo occidental, en los días finales de cada año muchas personas elaboran, aun cuando sea mentalmente, un conjunto más o menos ordenado y factible de propósitos para el año que comienza. Algunos, con sentido práctico hacen listas, numeradas, en secuencia y prioridad. Son intenciones que parecen firmes en el momento de su concepción, para cumplir en el año que se avecina. Los más sistemáticos las describen de modo preciso, le ponen fecha y las cuantifican, si ello aplica. “Cambiar el automóvil en el mes de abril por uno , marca x, cero kilómetros, a ser posible, modelo W, color azul metálico“. u otro más frecuente (aun cuando más difícil seguramente), y menos costoso. “Perder 10 kilos para el 1 de mayo y mantener el nuevo peso durante el resto del año.

Del tema hablábamos tres amigos – uno era hombre y los tres, tuiteros – entre risueños y divertidos, pero con un trasfondo muy serio, compartíamos nuestras experiencias pasadas y presentes –

Dijo A,

-“Amigas, búrlense pero yo incluí como propósito para 2012 ser mejor tuitero. Llevo más de un año y no llego ni a mil seguidores. ¿Por qué? No seré Chataing, ni Boccaranda, ni Ravell, porque para empezar, soy Médico. Pero es mucho lo que puedo compartir, y no sólo con orientaciones en mi campo de Cardiología para ciudadanos de a pie, sino que me encanta, promover la música, soy fanático del Magallanes y del Barsa, puedo darles muchos consejos a mujeres sobre porqué les cuesta conseguir pareja, tengo ideas propias sobre los problemas del país, opiniones sobre “mediocridades consagradas“, leo bastante. Me  atraela Globalización, viajo, veo mucho cine y teatro, y por supuesto me preocupa y me ocupo porla Política de mi país, a morir”.

-¿Qué piensas hacer para concretar tu propósito? – le pregunté.

Para empezar, tuitear todos los días de la semana, o al menos cinco. Durante las mañanas y las noches, que no tengo consulta. Escribir, como mínimo 30 tuits diarios, incluyendo 10 RT a los que  más me interesen, ponerme al día con los “follow backs” Eso sí,  previa evaluación de los respectivos timelines. Interactuar. Es decir, contestar, preguntar, opinar. ¿Mi meta? 10.000 seguidores para cuando termine el 2012, junto con otras metas más trascendentes, rió con picardía.

-Entonces, ¿le ves ventajas, incluso respecto de otras redes? – insistí.

-Por favor! Claro. Su simultaneidad, la información puede darse en tiempo real. El diseño, las fuentes son muchas veces primarias. La multimedia, es un componente muy rico, lo cual da un sentido de veracidad y diversidad.  Aparte, conoces gente interesante. Lees puntos de vista que enriquecen los tuyos y puedes interactuar exponiendo tus ideas. Te llega información de todas partes del mundo, de gran riqueza y densidad, a través de links. Esos mismos te pueden conectar a música que ni siquiera ha llegado al mercado. Puedes tener imágenes que jamás se publicarían en otros medios. Todo es ganancia. Y quiero aportar con disciplina y constancia como el tuitero que soy!

-¿Y tú, B? – le pregunté a una Antrópologa de unos 30 años, intelectualoide e interesada en cuanto campo de actividad humana haya, y con mucho acierto.

“-Pues, ¡vaya casualidad! – contestó –  aun cuando en sentido contrario, porque he anotado en mi lista, no volver a escribir un tuit más en el 2012. Voy a  cerrar mi cuenta. Estoy hastiada de tanta mediocridad, narcisismo, sobre simplificación. Se leen tantos disparates, lugares comunes, banalidades, equivocadas  citas y copias de textos ajenos, sin dar los créditos.  Muchos y muchas escriben con lenguaje soez. ¡Y lo que más me impresiona es la miseria humana! No soporto las expresiones de alegría por las enfermedades, tragedias y muertes de personas de otros bandos. Y esto aplica para gente del chavismo y de la oposición. ¡Ambos tienen manifestaciones de radicalismo e intolerancia. Ambos son capaces de mentir con descaro para dejar en mal a los del otro grupo. Desinforman, contra informan. Insultan, carecen de argumentos. Me tiene enferma esa adicción que he desarrollado por Twitter y la voy a dejar, a partir del 1º de enero, junto con el propósito de no volver a encender un cigarrillo más!

-¿Debo creer que no le encuentras nada bueno? – le pregunté.

-¡Por supuesto que no llego a tanto ¡ me contestó! Pero la evaluación es negativa.  Es el desarrollo de la tecnología al servicio del chisme, del deterioro del ser humano. Se miente. Se transmite mucha información sesgada, se calumnia y difama. Promueve el uso del anonimato, de la alevosía y de la cobardía si te propones destruir a alguien. Hasta permite que se invada y altere tu privacidad con el “hackeo”. Twitter enferma, es adictivo. A mí me ha apartado de actividades productivas, del trabajo, del estudio y de la diversión sana y el descanso. Pero no ocurrirá más. Es mi propósito para el 2012, eliminar toda dedicación a lo que he considerado un “vicio”.  Cerraré mi cuenta, es una decisión tomada!

Entonces, me preguntaron mis dos amigos, casi al unísono.

-¿Y tú, qué colocaste como tus propósitos respecto a Twitter?

-¿Yo? – me eché a reír – Que voy a seguir estudiando la condición humana, el reflejo de la sociedad a través de la red. … ¡A mi manera, claro!

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Cuando el rating nos alcance

Todos – o casi todos – tenemos un concepto al menos intuitivo de lo que es el rating en televisión.

Como Economista estoy obligada a mencionar que en Economía el concepto tiene su propia definición,  aparentemente no coincidente,  y aun cuando un análisis riguroso nos permitiría establecer el punto de encuentro perfecto,  contaminaría la naturaleza del texto que queremos desarrollar.

La inspiración del tema para este post,  es la lectura de la novela de Alberto  Barrera Tyszka que con ese título, Rating, hizo su aparición en este mismo mes.   En ella, se narra con un tejido de ficción la desesperada lucha de los canales por obtener la mayor cuota de pantalla, o “share” – cifra que indica el porcentaje de hogares o espectadores que están viendo un programa de televisión sobre el total –  que durante la emisión tiene encendido su televisor.  La contienda se desarrolla con los recursos más insólitos y estrambóticos y al costo moral y afectivo que se requiera.

Al terminar el testimonio ficcional, trasladamos el concepto a Twitter, que pese a su juventud ha comenzado a construir un género, rico en intensidades e intrigas y obviamente, mucho más representativo “de la vida misma” que la telenovela,  aparte  que se va desarrollando en tiempo real dentro del cauce de la tecnología.

Mientras en los medios tradicionales las mediciones de “share” y “rating” son de uso común no ha pasado lo mismo con las redes sociales. Es lógico entenderlo si se considera la velocidad de adopción que de su uso han hecho las empresas y lo novedoso y desconocido de sus técnicas de medición.

Se han elaborado índices para cuantificar la influencia social en Twitter, como el conocido Klout, que a través de series estadísticas y fórmulas matemáticas, a partir de 25 variables iniciales, trata de medirla. En este caso, Lady Gaga – no podía ser de otra manera para ser fiel a la capacidad de arrastre de audiencia que implica el rating – junto al juvenil Justin Bieber son los mayores acaparadores de rating con 98 y 99 ptos respectivamente, en una escala de 1 a 100 puntos.

-¿Alguien pensó en un Premio Nobel? ¿O en algún joven genio creador de las más importantes tecnologías?-.

Rating no es “followers”. Es infuencia y poder.

Las listas en las cuales se incluyen clasificados temáticamente los usuarios y los retuits son dos indicadores fundamentales del rating en Twitter.

Tómense los párrafos anteriores como meros referentes de la metodología Twitter para crear sus propios indicadores de medición.

Sin embargo, la verdadera historia del rating en las redes está por escribirse a través de los contenidos, hasta ahora, más espontáneos  que inducidos. ¿Cuánto podrá afectarse la naturaleza de un medio distinguido por su velocidad de propagación, cuando equipos hasta ahora meramente creativos de personajes e interacciones, por diversión personal, se transformen en verdaderas maquinarias del pensamiento dirigidos a atraer la atención de las masas usuarias con fines de marketing comercial o político? La truculencia de los creadores y el morbo de los consumidores  se cruzarán  adecuadamente  para alcanzar un diseño inédito.

La particularidad de abrirse un rating en medio de un canal de contenidos absolutamente naturales, casi a la par del momento en el cual se generan, no deja de ser un poderoso y atrayente reto a la  producción mental.

¡Hagan sus apuestas!

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Relaciones peligrosas tuiteras

                                                                                 I

Los títulos famosos, suelen ser usados para tratar temas distintos a aquéllos que popularizaron originalmente en obras del arte universal, como modo de atraer la lectura de un artículo que lo evoque.  Y así, la notable película estadounidense Relaciones Peligrosas (Dangerous Liaisons) que en 1988 dirigiera el inglés Stephen Frears basada en la novela epistolar del siglo XVIII del francés Choderlos de Laclo,  cuya  denominación empleo, nada tieneque ver con el tema de las interacciones tuiteras, al menos en lo que a la trama se refiere

Lo que sí parece cierto es que en Twitter se dan relaciones de variada índole, que pudieran implicar, en ocasiones, situaciones de impacto y de riesgo, y en este sentido podrían ser consideradas “relaciones peligrosas”.

De entrada, corresponde aclarar que el uso del término relaciones se emplea en este caso en la acepción de .. “Conexión, correspondencia, trato, comunicación de alguien con otra persona,” tal como pueden ser relaciones de parentesco, de amistad, amorosas, laborales, comerciales.

Las relaciones tuiteras van desde la de simple vecindad  de cercanía, proximidad o inmediatez, por seguimiento común a un tercero hasta las de intimidad comunicacional – aun sin que quienes las protagonizan se conozcan en el mundo 1.0 –  pasando por las de alianzas circunstanciales o, por el contrario,  de abierta confrontación con relación a un tema particular.  Desde la que implican sólo la práctica de rituales afectivos como el saludo, las felicitaciones o elogios puntuales hasta las que comprometen intereses emocionales de empatía, amistad, admiración, atracción, de rechazo, todo lo cual va quedando expresado en segmentos de ciento cuarenta caracteres que representan un conjunto de acciones e interacciones y que,  en algunos casos, pudieran implicar como quedó dicho situaciones de riesgo . En este último sentido podrían ser consideradas relaciones peligrosas.

II

¿Qué puede hacer que en un momento determinado alguien se ausente de su Timeline, como que va a buscar un cigarro y no regrese más? ¿Como quien interrumpe unos segundos una conversación, sin un ritual de cierre o despedida?, le pregunté hace poco a nuestro Editor Fernando Nuñez Noda.  Él asomó respuestas difusas como temor, inseguridad, no sentirse tomado en cuenta. “Missing in action (MIA)” los he llamado, aludiendo a los llamados Missing in action (MIA). Desaparecidos en acción que es una categoría de víctimas atribuidas en virtud del estatuto de los que faltan para el personal de las fuerzas armadas y que son reportados como desaparecidos durante el servicio activo.

En lo personal, he seguido seis casos, especialmente notorios de “súbita desaparición” en la red, por tratarse de tuiteros con  “personalidad y dominio de escena”. Constantes,  participativos e influyentes, sin ser famosos ni de seguimiento masivo.

Todos los casos estudiados tenían en común  – además de los dos rasgos anotados – una cierta orientación polémica, contraria a la llamada sabiduría convencional. He hecho indagaciones, fundamentalmente del tipo documental.

Y a pesar del empleo de anonimato de cuatro de ellos, puedo asegurar que se trataba de personas de la vida real, término que uso para diferenciarlos de los llamados personajes de ficción en Twitter a cuyo estudio, en otro contexto y con otro objetivo, he dedicado largo tiempo y responsable análisis.

De uno de los “desaparecidos”, descubrí por azar que era una interesante figura de poder político, muy aportante de informaciones y críticas sobre el funcionamiento oficial.  Lo que no podría decir bajo fe de juramento es si se trataba de “un infiltrado “ o si sus intervenciones eran ciertas para él, y aprovechaba el anonimato para drenar su insatisfacción sin correr el riesgo de una sanción o de un linchamiento moral y político.

En clara asociación al párrafo anterior, observé el velado chantaje de una chica – también desaparecida en acción tuitera – hacia este personaje y hacia otros que también logró poner fuera de circulación en la red. En este último grupo, por cierto, no se incluyen ninguno de los casos estudiados como influyentes y sus desapariciones pasaron   inadvertidas, por el tenor de sus intervenciones de escasa relevancia o compromiso.

Los casos individualizados de la chica que con especial talento y agudeza – aunque de modo no muy ético – puso en jaque a un cierto número de personas y del supuesto hombre de poder, sí han sido objeto del grupo de mi interés. De la primera, nunca más se supo en Twitter donde su cuenta quedó abierta y en suspenso un buen día de mayo. Del tuitero, de ambivalente clasificación, suelen verse ocasionales reapariciones con intervalos de un mes, fugaces apariciones con tuits tan inocuos como “¿Alguien sabe qué ocurrió en Los Palos Grandes, que no hay paso?” O, más raro Un #FF a @mitzy, @Perroviejo y @Gordo Salazar.

La reflexión inmediata del tema de las desapariciones aparentemente involuntarias es que, no siempre, nuestro magnetismo personal es el “objeto del deseo” de aquel o aquella que nos sigue y persigue y que desvirtualizar la comunicación tuitera – o simplemente personalizarla – tiene sus encantos, pero podría llegar a convertirse en “relaciones peligrosas”.

De este modo, reemplazar o complementar la interacción pública en Twitter por mensajería tipo DM. PIN, mails, o cualquier otro medio electrónico distinto casi siempre del encuentro presencial, aun cuando sin excluir que a veces ocurra, y que permita conocer aspectos personales, usualmente no compartidos, pudiera en algunos casos – que “el seguidor” pretendiera delimitar contornos de tipo político, o del campo de actividad laboral, o de otro, que envuelva la configuración privada del seguido, empleando manipulación, chantaje, o información inteligente para sí o para terceros, con fines últimos   potencialmente peligrosos.

No se puede perder de vista que Twitter – a diferencia de las demás – es una red de alta exposición opinática e informativa. Tal vez – y sólo como hipótesis – lo comentado pudiera explicar desapariciones aparentemente inesperadas como las que hemos descrito en los párrafos superiores. Y que quede claro que en este caso las desapariciones son solamente “virtuales” hasta donde puede saberse.

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Avatares del avatar

No, no es la excelente película de ciencia ficción estadounidense  producida y dirigida por James Cameron, que nos presentó hace dos años el programa Avatar, un proyecto que transporta la mente de los científicos a unos cuerpos artificiales de una raza humanoide para que así la comunicación con los nativos resulte más sencilla.  

La referencia es a la imagen que acompaña el timeline de cada tuitero. Suele ser su fotografía; pero también la de cualquier otra persona real o imaginaria que él o ella escoge para que lo o la represente. Puede ser un elemento de la naturaleza como un paisaje, o un producto del hombre, una obra de arte, un objeto cualquiera.

A veces, el avatar es la propia persona, pero camuflada, coincidiendo indirectamente con una de las acepciones gramaticales del término (reencarnación, transformación).

Hay algunos avatares verdaderamente retadores a la imaginación o a la interpretación.  Una expresión del pensamiento mágico o de la lógica cartesiana, si se apoya la hipótesis según la cual el avatar es una representación simbólica de la persona que se selecciona buscando proyectar, de modo consciente o inconsciente, algún aspecto de la personalidad.

Otros son francas representaciones en tono teatral. La estampa de una joven y bella muchacha puede ser el avatar de un personaje que en la vida real es un viejo funcionario. Conocemos un intelectual  de edad incierta que al tuitear desde hace más de dos años, asumiendo la personalidad de una bella – aun cuando casi limítrofe mental – jovencita, atrae con su hermosa y cambiante imagen, siempre tomada de modelos de revistas internacionales, y pese a sus muy básicos comentarios tiene varios miles de seguidores.

Mención aparte para un divo en Twitter. Un viejo estilista de orientación homosexual, de limitada expresión y precaria formación pero de arrebatada y audaz participación en temas alimentados por la lectura de portadas de libros de economistas como Amartya Sen, el filósofo y economista bengalí ganador del premio Nobel de Economía 1998, John Keneth Galbraith y Nassim Nicholas Taleb, entre otros. Sus extravagantes mezclas cognitivas las sazona con un avatar que representa una de las más hermosas actrices de todos los tiempos, lo cual le ha permitido acumular una cifra cercana a los veinte mil seguidores, y a polemizar con figuras de la política, de una cierta raigambre intelectual, lo que una vez más pone en evidencia la “ignorancia de los sabios” (He leído entusiastas comentarios dedicados para el/la  divo/a, bajo la figura de #Followfridays por un connotado político que alguna vez fue Ministro y no he encontrado otra explicación que la senectud relativamente prematura de nuestro amigo, a quien le hemos conocido y reconocido lucidez en su etapa pre-Twitter).

Otra característica es la identificación con una causa que hacen algunos tuiteros, o la protesta por un hecho oficial que consideran arbitrario, a través de su avatar. Recuerdo la histórica foto que quiso testimoniar el hacinamiento infernal de la morgue de Bello Monte publicada en la primera página del diario El Nacional, cuya reproducción se prohibió y se le impuso una sanción al editor. Los timelines de muchos venezolanos mostraron al mundo durante una semana, avatares que reproducían la foto prohibida y primera plana del periódico. Asimismo, la franela con una frase alusiva al uso de la revolución, por cuyo lucimiento fue detenido en un estadio un joven universitario, fue replicada por miles de avatares. El avatar luto activo y otros con consignas de protesta social ante eventos de represión oficialista han sido muy populares en los momentos límite que han representado.  

La vanidad y el narcisismo campean por sus fueros con las fotos de un Brad Pitt, que capta  miles de jóvenes – y no tan jóvenes – enamoradas seguidoras y seguidores, con tuits superficiales y vulgares.

La elegancia y sobriedad en la imagen de algunos rostros, cuando armonizan con la identidad de las personas y el contenido de los tuits, da algunos frutos, más cualitativos que cuantitativos.

Tuiteros hay que cambian su avatar tres veces por semana y otros a los cuales no le hemos conocido otro que el que colocaron en su página  el día de su ingreso. Que la variación de la imagen no siempre es determinante en la influencia, prestigio y reconocimiento de quien tuitea y del  número de sus seguidores, lo ilustran dos grandes referencias nuestras: @nuneznoda y @crackberrista, hasta el día de hoy con sus mismos respectivos avatares fundacionales. 

Un buen amigo, tuitero participativo, aportante y definitivamente comprometido con su presencia en la red, nos ha mostrado una limitada pero interesante colección de avatares siempre al volante de su carro. Buena interrogante para el Psicoanalista. 

Otro venezolano, destinado como Ingeniero a pleno desierto en los Emiratos Árabes Unidos, decidió colocar un avatar con su propio rostro enmarcado en la réplica del “hatata” y del “brin” que lució  Peter O’Toole en Lawrence de Arabia, lo que le deparó un club de fans entre nostálgicas señoras españolas.  Y si este amigo, cuyo avatar con su rostro real, nunca ha mostrado  la cabeza descubierta, hay otro – excelente bloguero – de cuya amistad presumimos, a pesar no haberle visto más que los pies, enfundados en medias o con zapatos. Es nuestro Golcar1, de avatar siempre engalanado con vestuario “podal”. Los avatares de ambos transmiten mensajes a los especialistas de la Psicología Social.  

Hay personas cuyo riguroso anonimato, es igualmente protegido con avatares encriptados.

Hay otras, de intención expresamente seductora, a través de avatares que transmiten mensajes explícitos, no sólo por la desnudez, sino por la expresión de su cuerpo.

Un señor ha enmarcado su rostro en la incendiaria imagen de Nerón, a tono con lo que predica para el país.

En fin, se dispone de un material de rica lectura en el tema de los avatares, que merece especial atención a la observación y al análisis.

Porque, vamos a estar claros, la primera y más expresiva palabra de un tuit, y sin caracteres, es su avatar.

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